50 PRIMAVERAS

50 PRIMAVERAS
 
No hay nada más patético para un hombre recién entrado en los cincuenta como yo que seguir aferrado a la vana ilusión de poder seducir a mujeres mucho más jovenes que él. Y es que más allá de esa provecta edad todavía hay todo un mundo por descubrir.
 
50 PRIMAVERAS
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50 PRIMAVERAS
 Algo que aprende uno a medida que va cumpliendo años es que el concepto de juventud es bastante relativo. Recuerdo que de chaval pensaba a menudo que en el año 2000 tendría 34 años, y me agobiaba pensando que entonces ya no sería joven y habría dejado atrás el entusiasmo, la vitalidad y la plenitud física. Ya ven es un caso raro de nostalgia adelantada. Llegó esa edad y me di cuenta de que no era para tanto. Y aquí me tienen ahora, con 50 años recién cumplidos y sin ningún atisbo de soportar esa gravedad (en el sentido de seriedad) que supuestamente conlleva la vida adulta. Y sin que el físico acuse grandes estragos, más allá de las profusas canas (lo que por otra parte me aleja del peligro de la calvicie) y de una incipiente tripa inasequible a mis estériles intentos de someterla.
50 PRIMAVERAS
 
 
 Bien es cierto que me he ganado a pulso esta posición privilegiada: sin ataduras ni mochilas en forma de hipotecas, hijos y demás. Poder reinventarse a estas alturas de la vida sin rémoras les aseguro que tiene las mismas  propiedades rejuvenecedoras que la crema antiedad más sofisticada. 
Una de las sorpresas más agradables que me ha deparado mi recién estrenada condición de cincuentón es que hay todo un mundo excitante por descubrir en materia de mujeres maduras. Decidídamente, mi target ha cambiado : si, las jóvenes pueden tener un cutis terso, unas tetas erguidas y unas nalgas prietas , pero les pesa todo el lastre en forma de proyectos vitales por realizar, maternidades por cumplir y , en el caso de las separadas , y / o divorciadas, niños pequeños y otras mandangas que arrastrar.
Una mature en los 50 que esté de buen ver aporta en cambio esa complicidad compartida que dan las muescas de la vida; una sabiduría tranquila y consciente de que la felicidad no reside ya en las grandes utopías y planes a largo plazo , sino en saborear día a día, sin prisas, los pequeños placeres cotidianos. A ello hay que añadir una mochila en la mayoría de casos amortizada porque de tenerlos, los hijos están ya más que criados. Y si nos ponemos con el sexo , les aseguro que a fogosidad y ausencia de complejos en la cama no hay veinteañera o treintaañera que les tosa.
LA VIDA A TRAGOS
Así que he decidido sacudirme de encima el sambenito de viejo verde que amenazaba cernirse sobre mi a medida que la diferencia de edad entre las jóvenes por las que podía sentirme atraído y yo se ensanchaba      -aunque esa etiqueta en realidad nunca me ha quitado el sueño; desde que a los trece años un monitor de un campamento de vacaciones me espetara que tenía un cojón por cerebro ( tal era ya mi fijación por el sexo) , he sabido que esta obsesión me acompañaría como un perro fiel hasta el fin de mis días- y lanzarme de lleno a explorar ese océano semivirgen de las mujeres maduras que se cuidan y que a pesar de las cicatrices todavía quieren beberse la vida a tragos largos. Y si además son capaces de encaramarse con desparpajo a unos Louboutin de 12 cm , ¿ qué puede haber en este perro mundo que lo supere? .
extracto de  L´ENFANT TERRIBLE de David Q. Amador
NOTA DE LA EDITORA : esta sección es una mirada desprejuiciada y libérrima sobre el “conflicto de géneros” y para ello recurre a mecanismos de lenguaje, entre ellos la hipérbole o exageración de argumentos e ideas, que obviamente no tendrían cabida en una sección de tono más serio. Pretender tomar al pie de la letra todo lo que el autor dice en ella sería erróneo e injusto con el espíritu que la anima.

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